El panadero de Proust

Este es el segundo de los textos del Mapa Literario de Pablo Aranda que queremos resaltar en nuestro blog. Esta vez viene directamente de la Biblioteca Cristóbal Cuevas.

“El panadero de Proust”

Mi nombre es Paco Torres. He sido coordinador del club de lectura de la biblioteca Cristóbal Cuevas durante 10 años. En ese tiempo hemos tenido muchas reuniones con escritores para comentar sus obras, entre ellos con Pablo Aranda.
Al nombrar a Pablo debo dar una pequeña explicación: Él era para nosotros (me refiero a los “históricos” del club de lectura) nuestro escritor.
Esto llego a ser así porque en las ocasiones, fueron varias, en que estuvo con nosotros el ambiente era cada vez más relajado y distendido, como cuando se asiste a una tertulia con viejos conocidos. Con Pablo hablábamos, lógicamente, de la obra que traía en esa ocasión, pero además de cuanto se nos ocurría preguntar o comentar sobre literatura y creadores.
Así fue como, para algunos de nosotros, llegó a ser un escritor cercano. Era, por utilizar un término futbolero, de nuestro equipo local. Alguien con quien intercambiamos saludos y comentarios en los eventos donde o bien nos encontrábamos, o bien íbamos porque él asistía.
Tras esta introducción creo que se entenderá mejor mi anécdota personal con Pablo, por si alguien quiere utilizarla en la forma que desee.

ANÉCDOTA:
Durante una de las reuniones que tuvimos con él en el Club de lectura (Biblioteca Cristóbal Cuevas), comentábamos, si no recuerdo mal, su novela Ucrania, Pablo refirió, en el contexto de lo que estaba contando, “no he conocido a nadie que se haya leído los siete tomos de En busca del tiempo perdido, de Proust”.
Uno de los compañeros del club, que sabía que yo los había leído, replicó señalándome, “aquí tienes a uno que los ha leído”. Pablo me miró sorprendido, “¿Todos”? Yo asentí, y él siguió exponiendo el tema que le ocupaba.
Cuando terminó la reunión y ya estábamos en esos momentos en que el autor firma ejemplares y se suelen intercambiar preguntas y algún comentario más personal, Pablo me dijo:” en serio te has los has leído…
Le dije que sí, y comentamos algunas cosas más que no recuerdo exactamente. Lo que si recuerdo es que cuando ya salíamos de la biblioteca me comento: te los leíste por los alumnos, quiero decir eres profesor, o…
Yo no pude evitar la sonrisa. No Pablo, le dije, me los leí por el gusto de leerlos. Yo soy panadero.
Para no alargar más la explicación: desde aquel día, las veces que nos encontrábamos me saludaba (siempre la iniciativa del saludo partía de él estuviera con quien estuviera) de la misma manera: ¡Hombre, El Panadero de Proust!
Si él estaba en algún acto con otros escritores, escritoras, o con quien fuese, ante tan extraño saludo ponían cara de pregunta. Pablo, con cierta sorna, hacía la presentación: “Este hombre es un lector de los de antes, apostaría a que es el único panadero de España que ha leído a Proust completo”.
Por desgracia, la última vez que vivimos juntos la broma de la presentación fue en una librería de Málaga donde Pablo presentó a un poeta español de origen inglés que recitó sus poemas.
Pablo, El panadero de Proust y yo te echamos de menos.   

El Mapa Literario de Pablo Aranda

Desde la Biblioteca Pública Municipal “José Moreno Villa” junto al resto de la Red de Bibliotecas Municipales de Málaga, se ha realizado un mapa literario en google maps dedicado a la figura del escritor Pablo Aranda, tristemente fallecido en agosto de 2020.

Este mapa es una joya para todos aquellos que lo conocimos y para todos los lectores que disfrutaron con sus novelas y artículos periodísticos.

Les dejamos el enlace y una de las entradas que nutren los contenidos. En este caso es la anécdota que ha incorporado el bibliobús municipal sobre una conversación entre el escritor y el bibliotecario del mismo, un servidor, Marcos Reina.

“La primera y única conversación que tuve con Pablo Aranda se produjo con el agua del mar a la altura de nuestras rodillas en la playa de los Baños del Carmen una tarde de junio hace ahora 10 años.
Yo sostenía en brazos a mi hijo, que por aquel entonces tenía apenas seis meses. Mientras lo acunaba a la fresquita, en la orilla de esa playa urbana de piedras grises y arena negra, me fijé en que aquel tipo que no paraba de bromear con sus acompañantes y juguetear con varias niñas y niños a su alrededor era Pablo Aranda. Lo conocía por sus novelas, que había devorado una tras otra, pero sobre todo por su presencia constante en las bibliotecas de la ciudad. -No sabe decir que no-, me había comentado algún compañero. Y era cierto. Acudía a cada petición de colaboración que se le hiciese, ya fuera más o menos formal, más o menos engorrosa. Y parecía disfrutar en esas charlas con los clubes de lectura o presentaciones o lo que fuera que se les hubiese ocurrido para arrastrarlo hasta allí. Los usuarios y asistentes a esos actos salían siempre encantados con él. Un win-win en toda regla.
Mientras Pablo se separaba del griterío infantil a duras penas, intentando escribir algo en su móvil con un andar titubeante hacia la orilla, pensé que era el momento perfecto para embaucar de nuevo a ese escritor complaciente que además resultaba ser simpático, a juzgar por sus artículos y las sonoras risas de las mujeres que lo acompañaban aquella tarde de playa. Yo llevaba algunos años como bibliotecario del bibliobús y por aquel entonces no teníamos muchas actividades de animación lectora. Pero con un bebé en brazos, en bañador y trenzando un par de anécdotas sobre nuestra biblioteca rodante era casi imposible que el sonriente articulista se negase a colaborar con nosotros en alguna movida libresca.
Ya había terminado de escribir el mensaje y sonreía al horizonte sosteniendo el móvil de una forma algo extraña, como evitando que se mojara. -Hola Pablo, no nos conocemos pero soy bibliotecario, perdona que te moleste. Estoy en el bibliobús, ¿lo conoces?. Sin perder la sonrisa se volvió hacia mí y dijo -creo que es el que me falta-. Inmediatamente me preguntó por el chiquillo, que si era mío o si solo lo paseaba, como a los libros. Que si era padre primerizo, que cómo lo llevaba. Escuchaba mis respuestas con una atención muy pronunciada, con esa forma de mirar que a uno le demuestra que verdaderamente interesa lo que estás diciendo a quien te oye.
Cada vez veía más difícil proponerle una visita, una charla, lo que fuera con tal de que nos dedicase sus libros y pasara una tarde con nuestros lectores. Llevábamos tres minutos de conversación y ya tenía la sensación de que sería como tenderle una trampa a una presa confiada. Era ocurrente y agradable, no había hecho ascos a un poco de charla con un bañista desconocido y un poco pesado, parecía divertirse con todo lo que miraba de esa manera atenta y curiosa, casi infantil.
Mientras me debatía internamente y proseguía con mi parloteo sobre las virtudes de nuestro servicio, los barrios que visitábamos y cosas así, una niña empezó a llamarlo insistentemente desde la orilla, podría ser su hija, no lo sé. Lo único que recuerdo es que la saludó con la mano como pidiendo calma, se volvió hacia mí y con una sonrisa más amplia aún que la que habitualmente llevaba plantada, me dijo -aquí te dejo, bibliotecario, un ratito muy agradable pero me reclaman y no sé decir que no-. Me guiñó un ojo y acercó su mano grande a la manita de mi bebé, que a esas alturas ya se había quedado frito. Apenas lo rozó y con voz bajita susurró -chico con suerte-.
Jamás vino al bibliobús, tampoco yo lo invité. Pero siempre albergué la esperanza de que algún día, de alguna manera, vendría. Sé, por terceros, que más de una vez se refirió en términos cariñosos a nuestra peculiar biblioteca. Pero después de aquello, hacerle una invitación formal siempre me parecía como si traicionase aquella conversación tan bien sellada.
Hoy presto sus libros como si fueran la obra de alguien querido de quien lo has leído todo. Me refiero a él por su nombre de pila, solo Pablo, como llamaría a un amigo, cuando recomiendo sus títulos a algún usuario y siempre señalo que era un gran apoyo para nuestro trabajo. No le hizo falta venir para llegar al corazón del bibliobús y quedárselo. Eso que le ahorramos, porque al fin al cabo si se lo hubiésemos pedido no habría sabido decir no.
Aquella tarde, con las pantorrillas en remojo, rodeados por la alegre bulla de los niños y el verano, entre sonrisas luminosas y palabras dulces, me hice amigo íntimo para siempre de alguien a quien acababa de conocer y con quien jamás pude volver a hablar.”

Marcos Reina Segovia

ATÍPICA, Mujeres por la cultura en Málaga

Sin título

     Las promotoras de la REVISTA ATÍPICA se ofrecieron a hacer una presentación en la Biblioteca Cristóbal Cuevas. Quizás alguien tuvo que elegir el plan de esa tarde del 14 de febrero, pero sin duda esta cita mereció la pena. Un saludo a los bichos raros que acudimos a celebrar esta nueva iniciativa, tan creadora y divertida, un número de la revista precisamente dedicada a los “BICHOS” de cualquier pelaje y condición

     Así se presentan sus tres fundadoras: Amor de Pablo Inurria, “lectora empedernida y escritora a ratos perdidos, adepta de Martín Gaite y Matute, adicta a Cortázar y deliberiana irredenta”; Mercedes Aparicio, “lectora voraz, escritora en ciernes, artista de la nada. Deportista derrotada y habladora imbatible. Cutre, clochard, hippija y casi moerna”; Laura Cerezo Cobos, “correctora de textos, lucha contra los gigantes/molinos de la negligencia lingüística corrigiendo libros de todo tipo. dirige la colección de micro novela Manguta de Libros”.

     Conociéndolas y sabiendo de su experiencia anterior en empresas similares, era de esperar la acogida del proyecto, con unos ingredientes muy favorecedores para el éxito. TE SORPRENDE, TE INFORMA Y TE DIVIERTE

     Muchos han confiado en esta nueva publicación desde el primer momento, y a la convocatoria de participación han respondido con un abanico de aportaciones literarias, artísticas y científicas de gran calidad y de mejor talante, como las siguientes : Amor de Pablo editorializa con la palabra “bicho” ad infinitum; Laura Carneros nos provoca la conciencia de ser víctima de un abuso de poder etimológico; Amelia de los Ríos nos regala uno de sus proyectos fotográficos solidarios; José Moreno declara a la mariposa monarca símbolo del inmigrante guiado por el sol y las estrellas; Francisco R. Villatoro desde la ciencia nos demuestra los 80 millones de bichos que valen un beso (¡Qué bien sabe la microbiota compartida!); un niño diferente, bicho lector, es la ilustración de Marcos Reina; J.F. León pone la banda sonora de su fondo de cultureta; … y como ellos y ellas, un largo etcétera

    Captura 2El colofón de la sesión fue la lectura dramatizada de “Doctora Ruby”, un ingenioso relato que incluye la revista. Su autora Anabel Díaz hizo de narradora, y fue la única que supo mantener cierta compostura. Ni el resto del elenco de actrices ni el público asistente pudimos contener la carcajada durante la mayor parte de la representación.

     Larga vida a ATÍPICA , y gracias por contar siempre con las bibliotecas y los bibliotecarios.

BIBLIOTECA CRISTÓBAL CUEVAS. DIEZ AÑOS

           

El 21 de Mayo del año 2009 abrió sus puertas la Biblioteca Cristóbal Cuevas en el Distrito Bailén Miraflores de Málaga.

Esta Biblioteca nació con vocación de responder a las expectativas de sus usuarios y de crear una red de alianzas con grupos y entidades culturales y educativas de su entorno.

Después de 10 AÑOS los objetivos siguen siendo válidos, y el camino hasta ahora recorrido ha sido posible gracias a todos lo que han compartido este 

PROYECTO COMÚN 

(pulsar para ver enlace)

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La crónica del Encuentro en Santiago de Chile, noviembre 2018

crÓnica del 4 º encuentro de bibliomÓviles de chile 2018 una red en crecimiento.

En el enlace que les dejamos arriba pueden leer la Crónica que escribimos después del Encuentro con nuestros compañeros chilenos.

Esperamos que les sea de utilidad

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De regreso

Acabamos de aterrizar en España, de regreso de nuestra aventura en Chile. Adjuntamos por aquí el texto de nuestra intervención en el 4º Encuentro de bibliotecas Móviles para todos aquellos que estén interesados.

Hacer click aquí: Intervención Marcos Reina 4 encuentro bibliomoviles Chile

Además, les emplazamos a que sigan nuestras publicaciones pues estamos redactando un texto que resuma el encuentro desde nuestra perspectiva y que permita conocer de cerca la cantidad de trabajo e ilusión que genera la Red de Bibliomóviles de Chile y las personas que lo hacen posible día a día.

 

Nos vamos a Chile

 

Las mejores historias empiezan sin más pretensiones que desarrollarse justificando la razón de su existencia. En el caso de un bibliobús esta afirmación es aún más cierta. Las bibliotecas móviles suelen nacer como un experimento de las administraciones que se lanzan a crearlas. Los proyectos parecen tener un componente provisional y festivo que los aleja aparentemente del mundo más consolidado y previsible de la biblioteca pública como servicio cultural tradicional. En este contexto, los vehículos y sus tripulantes se lanzan a los caminos perpetuando ese espíritu aventurero pero con la clara intención de asentarse, de demostrar que algo tan simple como acercar información, documentos, servicios y compañía a los que no acceden fácilmente a todo ello puede convertirse en una poderosa arma de cohesión y de crecimiento.

Y es así, con constancia y confianza, como pasan los años y las rutas de estos agentes culturales móviles se acaban convirtiendo en imprescindibles para muchos y en útiles herramientas para quien las financia, mantiene y cuida.

Ese es el camino que ha seguido el bibliobús de Málaga, integrado con pleno derecho en la Red de Bibliotecas Públicas Municipales del Ayuntamiento de nuestra ciudad después de 15 años de trabajo continuado y profesional. Esa insistencia nos ha hecho crecer por dentro y por fuera, constatar nuestros puntos fuertes y débiles, reflexionar sobre hacia dónde debemos continuar y cuáles son los caminos que no hemos de transitar de nuevo para no equivocarnos. Es decir, una institución viva, un proyecto en crecimiento.

Y los hechos vienen a demostrarlo. Desde el Servicio de Patrimonio Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio del Gobierno de Chile, hemos sido invitados al 4º Encuentro de Bibliomóviles, que se celebra en Santiago los días 8 y 9 de noviembre de este año. Quieren que compartamos con ellos todo el trabajo que hemos desarrollado y qué expectativas de futuro podemos señalar.  Todo esto en un país que está apostando por la difusión cultural para apuntalar su crecimiento, que cree en el valor de las bibliotecas y los bibliobuses como hitos de esa política. Y en eson estamos. Preparando nuestro viaje y cargando en el equipaje mucha información e ilusión a partes iguales. Es el momento de crecer compartiendo, algo que llevamos haciendo desde el principio casi como una obsesión: convertir el valor de compartir conocimiento y experiencia en el faro de nuestro existir, no fijarnos barreras y soñar con metas tan grandes que nos obliguen a ser modestos y constantes. El éxito trabajado, el delicioso gusto del fruto cultivado con esmero, cariño, tiempo y colaboración. Creemos en esta fórmula, alejada de los fuegos artificiales y las experiencias pasajeras. Estamos convencidos de que todo lo que perdura está fabricado con mimbres modestos pero resistentes, flexibles pero inquebrantables. Salir, día a día, al encuentro de los ciudadanos, de la vida misma. Gracias, compañeras y compañeros chilenos, por tan cordial invitación que esperamos satisfacer como merece.

Enlace a la página de los bibliomóviles de Chile

VÍDEO SOBRE LOS ENCUENTROS

MOVERSE

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Hay que hacer honor al nombre de este blog, que por diversas razones no ha tenido movimiento alguno demasiado tiempo. Lo retomamos con fuerzas renovadas, con el ímpetu de los jóvenes, la creatividad de los niños y la experiencia de los ancianos.

Volveremos a las entradas y a las imágenes, a escribir, dibujar y comunicar. Para crecer, juntos.

¡Adelante, bibliobuses!

Bellas imágenes de bibliobuses

Biblioteca Móvil del Condado de Multmomah (Oregon, EUA)

VOLANDO VOY

Hoy es el Día del Bibliobús en España. El nuestro, el de Málaga, está pasando una revisión y se ha tenido que quedar en la cochera. Pero su bibliotecario ha acudido a una pequeña Escuela Rural de nuestra ciudad, la Escuela “Los Gámez” donde ha pasado la mañana dibujando cuentos y contando dibujos, además de dejar un préstamo colectivo para la biblioteca escolar y algunos más de regalo.
De camino a esa escuela, por carreteras llenas de curvas y pinos y flores, sonaba en la radio del coche la canción “Volando voy” del gran Camarón de la Isla y el bibliotecario iba pensando en la letra, en lo que dice ese “quejío” alegre con ritmo sandunguero que esa copla en concreto, transmite mejor que ninguna. Y pensando, pensando, se ha dado cuenta de una cosa: los bibliobuses tienen de todo, pregón, asociación, congreso, día nacional, pero no tienen una canción fija, un “himno” entre comillas que cada vez que se cante nos recuerde las andanzas de esas bibliotecas tan especiales. Y bien podría ser ésta la tonada elegida. ¿Por qué? pues por alegre y vivaracha, por poética y vivaz,  pero sobre todo por su letra, que pasamos aquí a glosar.
Verán, dice Camarón:
“Volando voy, volando vengo. Por el camino yo me entretengo”. Ni más ni menos que un día cualquiera de un bibliobús de cualquier lugar del mundo. Sobrevolamos nuestra ruta y vamos haciendo paradas en busca de diversión y compañía. Lo hacemos con alegría (no hay otra forma) y si no, miren fijamente a un bibliobús, ¿no parece sonreir?.
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“Enamorao de la vida, aunque a veces duela”. Una máxima que no se debe olvidar. La vida de una biblioteca móvil puede ser muy azarosa, incluso breve, si no se cuida y se mima.
Es difícil conseguir continuidad y en algunas ocasiones sufren de soledad o falta de cariño. Pero siguen “enamoraos” y enamorando. No queda otra, la vida es eso. Y que nos quiten lo “bailao”.
“Si tengo frío, busco candela”. Eso es lo que hacen los bibliobuses cuando llegan mojados y sucios a sus paradas, buscar calor en esas chimeneas de los pueblos, en esas acogedoras casas que los reciben, entre su gente, sus usuarios. Nunca falta cariño, un dulce, una sonrisa, un abrazo, un cuento, un chascarrillo. Una emoción, un latido.
Señoras y señores, sepan ustedes que esto sigue así hasta el final y que “La flor de la noche, es “pa” quien la merece”. Nuestras flores nocturnas son los libros que prestamos, que iluminan desde la mesita de noche o desde las propias manos a nuestros usuarios, los que más se merecen una canción y una biblioteca así, tan flamenca como sabia.
 
Y finalmente, un verso críptico y raro “Yo no soy quien soy, ni los que me quieren”. A ver, como lo explicamos. El bibliobús no es nadie y lo es todo. Un bibliobús no es su conductor, ni su bibliotecario, ni aquellos que más lo aprecian, sus usuarios lectores. Un bibliobús es otra cosa que no sabemos definir, es una idea, un verso, una esperanza. Es una canción flamenca que se pierde por la “verea” tocando palmas. Es emoción. Solo eso, nada más. Pero nunca se olvida, como la voz de José, como el cuento de la abuela, como el vuelo de los pájaros, Volando va, volando viene. Pregunten a los niños, verán que tenemos razón.
Felicidades, bibliobuses. De corazón.

 

¡Si pinchan aquí escucharán nuestro himno!