VOLANDO VOY


Hoy es el Día del Bibliobús en España. El nuestro, el de Málaga, está pasando una revisión y se ha tenido que quedar en la cochera. Pero su bibliotecario ha acudido a una pequeña Escuela Rural de nuestra ciudad, la Escuela “Los Gámez” donde ha pasado la mañana dibujando cuentos y contando dibujos, además de dejar un préstamo colectivo para la biblioteca escolar y algunos más de regalo.
De camino a esa escuela, por carreteras llenas de curvas y pinos y flores, sonaba en la radio del coche la canción “Volando voy” del gran Camarón de la Isla y el bibliotecario iba pensando en la letra, en lo que dice ese “quejío” alegre con ritmo sandunguero que esa copla en concreto, transmite mejor que ninguna. Y pensando, pensando, se ha dado cuenta de una cosa: los bibliobuses tienen de todo, pregón, asociación, congreso, día nacional, pero no tienen una canción fija, un “himno” entre comillas que cada vez que se cante nos recuerde las andanzas de esas bibliotecas tan especiales. Y bien podría ser ésta la tonada elegida. ¿Por qué? pues por alegre y vivaracha, por poética y vivaz,  pero sobre todo por su letra, que pasamos aquí a glosar.
Verán, dice Camarón:
“Volando voy, volando vengo. Por el camino yo me entretengo”. Ni más ni menos que un día cualquiera de un bibliobús de cualquier lugar del mundo. Sobrevolamos nuestra ruta y vamos haciendo paradas en busca de diversión y compañía. Lo hacemos con alegría (no hay otra forma) y si no, miren fijamente a un bibliobús, ¿no parece sonreir?.
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“Enamorao de la vida, aunque a veces duela”. Una máxima que no se debe olvidar. La vida de una biblioteca móvil puede ser muy azarosa, incluso breve, si no se cuida y se mima.
Es difícil conseguir continuidad y en algunas ocasiones sufren de soledad o falta de cariño. Pero siguen “enamoraos” y enamorando. No queda otra, la vida es eso. Y que nos quiten lo “bailao”.
“Si tengo frío, busco candela”. Eso es lo que hacen los bibliobuses cuando llegan mojados y sucios a sus paradas, buscar calor en esas chimeneas de los pueblos, en esas acogedoras casas que los reciben, entre su gente, sus usuarios. Nunca falta cariño, un dulce, una sonrisa, un abrazo, un cuento, un chascarrillo. Una emoción, un latido.
Señoras y señores, sepan ustedes que esto sigue así hasta el final y que “La flor de la noche, es “pa” quien la merece”. Nuestras flores nocturnas son los libros que prestamos, que iluminan desde la mesita de noche o desde las propias manos a nuestros usuarios, los que más se merecen una canción y una biblioteca así, tan flamenca como sabia.
 
Y finalmente, un verso críptico y raro “Yo no soy quien soy, ni los que me quieren”. A ver, como lo explicamos. El bibliobús no es nadie y lo es todo. Un bibliobús no es su conductor, ni su bibliotecario, ni aquellos que más lo aprecian, sus usuarios lectores. Un bibliobús es otra cosa que no sabemos definir, es una idea, un verso, una esperanza. Es una canción flamenca que se pierde por la “verea” tocando palmas. Es emoción. Solo eso, nada más. Pero nunca se olvida, como la voz de José, como el cuento de la abuela, como el vuelo de los pájaros, Volando va, volando viene. Pregunten a los niños, verán que tenemos razón.
Felicidades, bibliobuses. De corazón.

 

¡Si pinchan aquí escucharán nuestro himno!

 

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